Educación a distancia en barrios vulnerables

La migración de la educación al entorno online y las tareas a distancia dejaron de manifiesto que la inclusión digital es aún una utopía. En los barrios vulnerables de la Argentina, chicos, adolescentes y jóvenes, tuvieron que afrontar un nuevo atentado contra sus derechos, que cada vez les quita más oportunidades.

En la Fundación Todavía es Tiempo recibimos a más de 250 familias de Paso del Rey, partido de Moreno, a través de un jardín de infantes comunitario, hogar de día, comedor y capacitaciones en oficios para jóvenes adultos. Trabajamos a través del acompañamiento psico-social y la educación no formal, con la intención de desarrollar habilidades alternativas y acompañar la formación de nuestros chicos.

En Moreno tenemos 40% de días sin clase al año. Los conflictos políticos, administrativos, los problemas edilicios, cada día es un motivo diferente. Cada día es un contenido perdido, un chico que no tuvo la contención de la escuela, a quien las instituciones le fallan, que ve cómo sus posibilidades se van haciendo más y más chiquitas.

En 2018 tuvimos más de 6 meses de paro en las escuelas que nos dejaron una infinidad de anécdotas deplorables. Madres pidiendo por favor que sus hijos repitieran el curso, actividades enviadas a través de fotocopias que pasaron a costar una fortuna cuando los kioskos decidieron aprovecharse de la situación. Maestras que enviaban tareas que los chicos no podían resolver, porque estaban en portugués. Adolescentes frustrados, porque nadie en su entorno era capaz de explicarles contenidos básicos de matemáticas.

Estamos frente a generaciones enteras a las cuales luego les pediremos que se inserten en un mercado laboral competitivo, a las que les adeudamos la educación que el Estado y la sociedad debería garantizarles como derecho. Parar la bola de nieve es urgente, y creemos que todavía estamos a tiempo. La clave está en reconocernos responsables.

Tenemos la dicha de contar con un equipo docente y pedagógico que busca medios alternativos para acompañar en contextos tan adversos. Muchas familias no cuentan con conexión a Internet, usan celulares pre-pagos que les generan un gasto significativo o tienen equipos antiguos que no soportan la descarga constante de contenido.

Una mamá, entre muchas otras, se acercó a contarnos que ella quería que sus hijos hicieran las tareas, pero tenía 4 y sólo podía bajar un archivo al teléfono. Es así que baja uno, resuelven una tarea, lo borra, y recién ahí puede comenzar con el siguiente. Otra mamá, tenía el problema de que su pantalla estaba completamente estallada, y por eso los chicos no podían entender lo que decían las actividades que las maestras enviaban. Se trata de problemas inimaginables para muchos, pero que son la realidad cotidiana del barrio hace ya meses.

Sin embargo, nosotros aprovechamos lo que sí teníamos. Las familias vienen todos los días a nuestros comedor a retirar sus viandas, ya que todos los que vivían de trabajos informales o por hora, se quedaron sin ingresos. Junto con la comida, enviamos actividades fotocopiadas, y semillas para que los chicos desarrollen su huerta hogareña poniendo en práctica los aprendizajes del taller.

Además se organizaron «desafíos» iguales a los que vemos en redes sociales, para incorporar los contenidos y mantener activos a los más pequeños. Tuvimos el del balero, el de la payana, recetas, e incluso los mismos niños se animaron a enviar desafíos creados por ellos a sus compañeros. Con los adolescentes hicimos video-llamadas para hablar de la importancia del orden y la limpieza en las casas, convirtiéndolos en agentes activos de prácticas saludables y prevención de violencia.

A quienes estaban a punto de iniciar sus estudios universitarios online, pero no contaban con conexión o una computadora en casa, les dimos una sala con todo lo necesario en nuestro predio, y aprovechan el momento en que vienen a retirar las viandas para conectarse. No es fácil, la tienen mil veces más difícil que otros, pero saber de su entusiasmo por convertirse en la primera generación de sus familias que ha finalizado los estudios nos impulsa a seguir acompañándolos.

No tenemos la varita mágica para cambiar esta realidad que duele, pero sí tenemos la inventiva y el convencimiento de que entre todos, podemos lograrlo. Ojalá cuando llegue la próxima cuarentena, o tengamos que sobrevivir a otra crisis económica, los barrios más golpeados tengas herramientas para enfrentarlas, sin necesidad de que nosotros estemos ahí.

About the author